La Caverna de los Necroides



. El sol brillaba alto en el cielo. Algunas nubes ocasionales lo oscurecían, pero el viento se las llevaba pronto. Eso no era nada, y la capitana así lo había querido. Un sitio como éste, era mejor evitarlo de noche.
-- Mantened posición. –ordenó secamente. La joven heroína de Tarningan podía ejercer un gran autocontrol. La escuadra de infantería que la había acompañado hasta allí no debía percibir ni pizca de miedo en ella. Ni asomo de desesperanza, ni recordar el significado de la vacilación.
. No hacía falta gritar. Con voz alta, sus hombres no eran muchos, la oían claramente. La pequeña tropa obedeció de manera impecable. Desenvainaron en silencio, alzaron sus escudos, mantuvieron la formación en perfecta escuadra.
. Serenia y los valientes de Tarningan contemplaron la boca de la caverna, al otro lado del llano, surcado por alguna que otra colina. Desde la oscura profundidad bajo las grises rocas, emergieron entonces las primeras siluetas.

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Vieja Cáscara de Nuez

. Todavía recuerda el estallido de la botella. La algarabía de la concurrencia. El esplendor de su nombre pronunciado en voz alta por primera vez bajo el sol del amanecer.
. Las aguas cristalinas. La espuma de las olas. El primer atardecer de fuego sobre el mar infinito.
. Y mil atardeceres más. Otros mares. Aguas turbias. Calmas o inquietas. Bajas o profundas. Incluso insondables.
. Costas de arena que se abren como un abrazo amoroso. Acantilados agrestes, como quillas implacables de buques gigantes. Golfos ocultos, en selvas misteriosas donde bulle la vida.
. Puertos populosos, coloridos y ruidosos, con naves de todo el mundo.

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soñar despierto

. . . . . . . “Everytime I see you oh I try to hide away
. . . . . . . but when we meet it seems I can´t let go”

. . . . . . . . . (“Fading Like a Flower” - Roxette)



. Cómo le costaba levantarse!
. Abandonar el cálido, confortable mundo de los sueños para afrontar un nuevo día en el colegio. Aunque al menos, durante aquél cuarto año, ya no se le hacía una tortura como en los anteriores. Su estatura finalmente había pegado un asombroso estirón el último verano, de modo que los compañeros que antes lo miraban desde arriba ahora lo veían a la par, asombrados. Hasta aquella “voz de pito” que tanto había irritado siempre a algunos, adquiría por fin unos profundos matices masculinos. Y ahora hasta tenía amigos! Pero lo mejor, lo mejor era ella.
. Era tan linda! La contemplaba con disimulo, soñando en silencio. Sus rubios cabellos, su carita angelical. Pero además su forma de ser, era realmente una buena chica. Y no lo trataba mal: Él, de ser el petisito nerd pálido -bueno, en realidad el término no se usaba todavía mucho en aquél entonces, pero qué mejor manera de definir a ese chico extraño que pasaba días encerrado con “la computadora”?- que apenas hablaba, era ahora uno de los cinco amistosos muchachos que acomodaban las mesas y banquitos de su grupo al otro lado del de ellas.
. No sabía si había alguna manera en que algún día pudiese alcanzar el corazón de ella. Le gustaba, y mucho. Tímido como el que más, apenas se animaba a intercambiar algunas palabras de tanto en tanto.

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Al acecho (Ciudaventura by night)

. Por la vereda de la noche los tacones resonaban casi desafiantes. Enfrentaban airados, con ritmo implacable, el vacío de las calles. El suave murmullo de las hojas secas esparcidas en tristes rincones. La melancolía del otoño. Los ronquidos indiferentes de un linyera envuelto en una manta andrajosa, diarios, cartones y varios litros de tinto.

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La Nave Inexorable

. Aquí estamos una vez más, los años que han pasado parecen un sueño, una mera fantasía. La nave inexorable avanza para siempre, surcando la tierra sin moverse, se abre paso entre el cemento y los edificios, que el tiempo devora y vuelve a levantar -niño caprichoso jugando con arena insignificante-, mientras la Nave, imperturbable, siempre avanza. Avanza como el tiempo, devorándose los días, semanas y las vidas mismas de nos, sus obtusos tripulantes.

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La Piel de la Oveja

. Amanece lentamente en la isla. Una niebla extraña y espesa cubre el mar. El sol no se ve, aunque su luz fulgura difusa, a lo lejos. Los ecos de los terribles aullidos del gigante reverberan dentro de nuestras cabezas. Pero ahora oímos un quedo sollozo. La pena por los compañeros perdidos es una garra que me atenaza el corazón. Ahora el sollozo se trocó en ronquidos. El terror que me paralizaba parece ceder un poco. Nos movemos con cautela, poco al principio. No aguantamos más. Es ahora o nunca. La nave aguarda. Y más allá, el mar, y el horizonte infinito que siempre me llama.
. Tira de mí con gran facilidad. A veces me pregunto si al otro lado del horizonte hay alguien que tira de mí, una voluntad portentosa que me juega como un títere. Lo que sí, se ha de divertir con ese juego. Soy un peón inusitado.

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La Bienvenida

. Descendió del bus de larga distancia con expresión abatida, y recuperó su equipaje. Se colocó la más grande de la mochila, la que allá había usado para portear en la montaña, en la espalda. Pero se colgó también la otra, que no era pequeña, de uno de los hombros. Además se pasó la cinta del bolso, lleno de ropa. Cargó en sus manos la caja con el teclado de música, y algunos libros que no habían entrado en otra parte, y, como un caracol, anduvo hasta la parada de taxis. Como esperaba, nadie le había podido ir a buscar. Ion Bondavid estaba de vuelta en la ciudad.
. El chofer le ayudó a cargar el abundante equipaje, y una vez en el asiento, le preguntó cuánto estimaba que saldría el viaje hasta su barrio. Mientras el chofer tiraba una estimación, él rebuscaba en todos sus bolsillos, el pantalón, la camisa, y parecía que le alcanzaba. Qué irónico pensó, tener un sueldo entero en el banco, pero no poder retirar ni un peso. Pero era sólo la tarjeta, que estaba gastada.
. El auto lo dejó en la puerta de su casa. Eran las siete de la mañana. Aunque sintió cierto alivio al ver su hogar, las plantas, la vieja tranquera, la casa, en realidad se sentía como si unas miradas acusadoras estuviesen a punto de descubrirle. Es que la casa, era la casa de su madre, no la suya. Pero Ion Bondavid era el tipo de persona que jamás "crece" ante los ojos de la sociedad, "síndrome de Peter Pan", decían las psicólogas solteronas que bien por dentro detestaban que una persona pudiera ser tan libre de por vida, o que a medida que el nuevo siglo se desarrollaba, tantos hombres se negaran a cobijarlas bajo sus alas. De por vida.

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Mis dos enemigos.

. Aquí estoy, otra vez.
. Es el largo pasillo espejado... A ambos lados. Crea un efecto de multiplicidad... ¡Me puedo ver la espalda!
. Pero también, también... Los veo a ellos.
. Mis dos enemigos.

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Sombraluz

. Se hace tarde. Estoy tan cansado. Hace frío. Quisiera quedarme, estoy tan cómo y calentito aquí...
. Vamos, hacé un esfuerzo! Calzáte los viejos borsegos y arrancá... Un sombrero por si las lluvias (o nieves), me envuelvo en un tapado y empiezo a caminar.
. Aunque la noche es fría, no hay viento. Y la caminata me da calor.
. Poco a poco las distancias desaparecen a mi alrededor, mi incansable imaginación me envuelve con facilidad, estoy aquí, estoy allá, estoy ayer y aquella vez y en posibles días futuros... Recuerdos, sueños y esperanzas se entremezclan con deleite, como la música de una intensa canción.
. Al fin llego a lo alto de la loma, es la mitad del camino. Allá lejos está, lo sé aunque aún no se ve, el camino que comienza a subir.
. Falta tanto por llegar! Pero mis pies siguen adelante, no se sienten cansados, de hecho casi ni los siento, estoy lejos de allí, volando, siempre volando...

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GENIOS BIEN LOCOS

(rumiando entre recuerdos, he aquí un breve texto de marzo del 2003... je)



. “Hoy es el día” pensé, apenas recobrar la conciencia, aún antes de abrir los ojos. Me levanté torpemente, mentalmente encandilado por esa certeza, y tropecé con la mesa de luz: Parte de mi cuerpo todavía no despertaba.
. Presa de la ansiedad, descorrí bruscamente las cortinas de mi habitación. Entonces solté un gemido desesperado: El cielo estaba cubierto de nubes!
. Pero si ayer el sol había brillado radiante? Y por las noches las estrellas habían reinado sin competencia... Porqué el Astrólogo no me había advertido de ello?

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