Crónicas de aventureros...

un montaraz en su mundo
[ continuación del flog... ]


. Grin se encogió de hombros, y volvió a concentrarse en su bebida.
. Al poco rato, se la había terminado toda. Contempló con aire lastimoso las pocas monedas que acababa de sacar de su bolsillo.
. En ese momento el tabernero depositó otra pinta, llena, frente a él. Grin lo miró desconcertado, pero él le indicó con la mirada a su lado: El desconocido sostenía su propio jarro.
-- Un brindis por la gente temeraria. A su salud! --declaró, y brindaron.
-- Err... gracias. --musitó Grin.

. Un par de pintas más tarde, se había acodado cómodamente en la barra, y estaba narrando una extraña historia, ante la atenta mirada del desconocido, y la no sé si tan atenta de un par de clientes más, entre ellos Dim el Enano.
-- Entonces decidí que bien valía la pena regresar en su busca. Semejante grupo de novatos --su voz había adoptado un sorprendente tono de profesionalismo--, de otro modo, no podía tener muchas esperanzas. Está bien que eran unos provocadores, que habían incendiado aquella posada, obligándome a enfrentar una pelea de taberna y todo eso, pero además, entre esa gente había uno o dos dúnedain: Cómo podía yo, Grinwaldo de la Casa de Piedraverde de Cardolan, dejar que se perdiesen así como así? Y, acaso no había mostrado Argoth el tino de querer que les acompañara?
. "Fuera del castillo, topéme con un elfo. Pero no quiso buscarlos él mismo, alegando que debía cuidar los caballos. Pero bien, ¿quién entiende a los elfos? Así que trepé con cuidado por una torre ruinosa, a medias derrumbada."
-- Con cuidado? A duras penas si te debes haber arrastrado, JA JA JÁ! --soltó el enano con su gran voz ronca.
. Grin frunció el ceño, pero continuó como si nada.
-- Nevaba copiosamente, y pude hallar muchas huellas, y también rastros de sangre. Por lo visto la acción ya había comenzado.
. "En la otra torre encontré la puerta entreabierta. El hedor inconfundible me adelantó lo que iba a encontrar en su interior: el cadáver de un orco tapaba una trampilla en el suelo."
--Qué? Si a duras penas distingues la menta del ajo? --murmuró el enano, acercándose a Grin.
. Grin carraspeó. Uno de los oyentes bostezó y se marchó.
. "Luego encontré una estancia donde, desde un pasillo elevado, vi a un elfo de pie en la sala. No parecía muy diferente al anterior, ya que cuando lo insté a llamar a sus amigos y marcharnos de allí, mostró menos reacción que una planta."
. Uno de los oyentes río divertido con la chanza. Grin sonrió ampliamente.
-- Así que bajé las escaleras y fui en busca del resto. Ahora el elfo me seguía.
. "Al fin divisé a Argoth y los otros dos, armas en mano frente a una puerta abierta. Todavía estaban vivos! Los llamé de inmediato.
. "Entonces un orco se abalanzó por la puerta, pero el de la túnica negra le envasó una daga en el ojo."
. "'Vaya, conque tienen un Asesino', me dije."
. "Dejando un par de cadáveres de orcos detrás nuestro, nos volvimos para regresar."
. "Justo entonces la puerta se cerró, por arte de magia, frente a nosotros. No la podíamos abrir, pero no había tiempo para vacilar. Desenfundé a mi brava 'escarbadientes' y destrocé las tablas."
. "Nos abrimos camino hasta el salón principal. El peligro estaba detrás nuestro, bah, encima nuestro, adelante también y todo alrededor."
. "Ahora fue más que nunca evidente, lo que me había advertido Galmuir, de que en ese castillo habitaba algo más que un par de orcos: Un hechicero oscuro!"
. "Porque cuando entramos a la sala, la encontramos iluminada, sin orcos muertos en el piso, manchas de sangre ni rastros de los feroces combates recientemente librados por mis nuevos amigos; ni ruinas, un mantel impecable puesto sobre la mesa..."
-- No era que eran apenas un hatajo de novatos? --inquirió Dim.
. Grin dirigió una rápida mirada a una doncella que se había unido, junto con un par de oyentes más, al corro junto a la barra. Carraspeó sonoramente.
-- Caray, me he quedado sin cerveza!
-- Pues yo le invito otra! --resolvió el desconocido con una algarabía capaz de helar a un muerto.
. Luego de dar los primeros tragos (y apoyarse más firmemente en la barra), Grin prosiguió:
-- Escuchamos voces que venían de la puerta principal, pero por el pasillo elevado aparecieron caminando tranquilamente un hombre y un muchacho.
. "La misteriosa dama que... hic!... estaba con ellos, ejem, corrió entonces escalera arriba, dispuesta a atacarlos. Entonces se pusieron a llamar a la guardia a gritos. Venían muchos pasos desde el otro lado de la puerta."
. "Yo me ubiqué a mitad de la escalera, y rápidamente coloqué una flecha en mi arco."
. En ese momento la doncella ahogó una explamación. Grin entrecerró su mirada, con ese aire de experto aventurero que le gustaba tanto.
. "Pero nadie nos atacó. Hic. De prontoh... estábamossh -hic- otra vez en el tiempo brresente... y... y... todo en... ruinas."
. Grin bostezó largamente. De pronto recordó que varias personas lo estaban mirando. Dirigió una sonrisa extraviada a la doncella, sin lograr enfocarla bien.
. "'I-i-lusiones!', mascushaba el Asesinoh..."
. "Despuésh, lo de la estatua... se nosh venía, hic, encimah y... tenía una eshpadah..."
. "Eeshtoy muy cansado... Demasiadosh -hic!- combatesh..."
. Acto seguido Grin se derrumbo sobre la barra. La audiencia guardó silencio, azorada.
. Los rítmicos ronquidos se fueron acompasando lentamente, mientras Dim volvía a su mesa riendo, el tabernero negaba con la cabeza y retiraba el jarro, de los dedos agarrotados de Grin, y la audiencia se dispersaba.
--Oh, pobre hombre, se ve que se ha esforzado demasiado... --dijo la doncella.
-- Seguramente. --corroboró el desconocido, dando unas palmadas en el hombro inerte de Grin.


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Comentarios

  1. Que viva el Rol!!

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  2. . Al día siguiente, Grin se levantó después del mediodía. Bastante después.
    . Almorzó tarde, y luego se sentó afuera de su miserable cabaña, a fumar una pipa.
    . Se distrajo contemplando el cielo. Como siempre, no recordaba todos los detalles de la noche anterior.
    . Pensó en visitar a Dim, cuya casa no estaba lejos. Ambas estaban un tanto apartadas del pequeño poblado.
    . Pero no quería escuchar los regaños y burlas del enano. Recordaba el rostro borroso de una doncella que había parecido interesada en su relato, y quizás Dim podría haberle dado más detalles, después de todo era uno de sus únicos "amigos", aquí en Archet.
    . Al atardecer volvió a visitar la taberna. Pinta roja en mano, se enteró que la caravana había seguido viaje hacia el oeste.
    . De todas formas, se dijo, "Tiro de Flecha" estaba bien para una noche tranquila, pero si quería "trabajar" de veras, tenía que rodear la gran colina e ir hasta Bree. Allá en el Poney Pisador, hasta entradas horas de la noche, podía hallar abundante "material de trabajo".
    . Salió de la taberna, acompañado por las primeras estrellas. Eärendil brillaba intensamente en el cielo nocturno.
    . Miró atrás, al pequeño, desgastado y mugriento cartel de madera con el nombre de la taberna grabado toscamente: "Tiro de Flecha" se debía a que, sus primeros dueños, los hermanos Markus y Andrais, habían disparado una flecha al azar, para decidir donde levantarla.
    . Lástima que Andrais había regresado a su país, en el lejano nordeste, aún más allá de la Montaña Solitaria. Y Markus había decidido emprender un viaje al norte, donde quizás se habría alistado en el ejército del Rey.
    . Grin caminó tranquilamente, pasando cerca de Combe y atravesando Entibo y varias chacras, hasta llegar al camino. Iba sonando una tonada que le gustaba, y no mucho más tarde llegó por fin a la puerta sur de Bree. El guardia ya lo conocía.

    Comentario editado el 20/08/2007 - 07:53:12

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  3. . Al poco rato, Grin estaba sentado en una mesa, apartando el plato de estofado vacío, bebiendo su segunda pinta de cerveza rubia y encendiendo su pipa. Desde debajo de la capucha, estudiaba el panorama con disimulo: Había bastante gente esa noche, y varias bellas damiselas.
    . Y una hora después, ya estaba a sus anchas, sentado cerca del fuego, narrándole su particular visión de sus aventuras a un par de incautos clientes:
    -- La dama en cuestión se llamaba Sídar... Me pregunto si se escribirá "Cedar"... En fin, el caso es que aceptó de buen talante mi oferta, y vino a dormir conmigo a casa... No, no, no a acostarnos juntos, señores, un caballero como yo!
    . "A la mañana siguiente, Argoth me despertó de manera más que impertinente. Encima se le dio por vomitar en el piso! Entonces comprendí que había que ponerle un poco de orden a esta gente. Lo mandé a que me hiciera arreglar la espada, y yo me quedé discutiendo mis honorarios con Oicirtap, así se llamaba el Asesino."
    . "He mencionado que me estaban rogando que les acompañara? En todo caso, habían decidido contratar mis servicios como guía. Debo confesar, ejem, que nadie conoce esta zona como yo y... En fin, el caso es que, luego de dejar en claro mis pretensiones, accedí."
    . En ese momento un par de jóvenes que estaban tocando sus laúdes terminaron de tocar. Una dama había tomado su lugar, y en el silencio que se produjo, tal vez debido a la contemplación de su singular belleza por parte de la concurrencia, comenzó a cantar una canción.
    . Grin tampoco fue inmune a su hechizo, y se quedó un rato así, con la boca abierta, extasiado en la voz de la joven. "Es realmente hermosa", se dijo.

    Seres de la noche con su negro antifaz
    en la oscuridad no puedo escapar
    y no hay estrella que me haga brillar
    no aguanto más no poder respirar
    sé que existe un dios en el que pueda confiar
    quiero ser ese sueño que me hable de tu amor.

    soy yo la que pinté un cielo
    de ese azul que tanto quiero
    y tú serás su sol
    tal vez puede ser mi ilusión
    vivir será algo mágico
    yo sé que lo puedo lograr

    yo creo que tú llegarás al final
    lo imagino ya
    que mágico será
    y por fin viviré esta bella sensación
    y con emoción tu voz me llegará
    sé que existe un dios en el que pueda confiar
    quiero ser ese sueño que me hable de tu amor.

    soy yo la que pinté un cielo
    de ese azul que tanto quiero
    y tú serás su sol
    tal vez puede ser mi ilusión
    vivir será algo mágico
    yo sé que lo puedo lograr

    para que mi alma sienta paz
    y no deje de soñar
    y el milagro de amar
    será algo siempre mágico
    yo sé que lo puedo lograr

    . Cuando terminó de cantar, la multitud prorrumpió en aplausos, e incluso algunos vítores, y tampoco faltaron un par de groserías. Grin seguía boquiabierto.
    . Reaccionó de pronto, pero la chica había desaparecido. Dónde se había metido?
    . Abandonó a su audiencia sin más, y luego de preguntar varias veces obtuvo por fin una respuesta:
    -- Ésa que cantó? Viaja con los caballeros que llegaron ayer. Allá tienes a uno de ellos... --señaló su interlocutor.
    . Se trataba de un sujeto más que respetablemente vestido, y además armado. Su capa se veía inusualmente pulcra para un viajero corriente... Grin contempló inquieto la suya, raída, agujereada y mugrienta de semanas.
    . Encogiéndose de hombros, encaró al individuo.
    -- Disculpe usted, señor... --dijo en un tono que quería ser amable. El tipo lo contempló con el ceño fruncido-- Err... No podría usted decirme, el nombre de la hermosa dama que acaba de regalarnos con su cant...?
    -- Qué insolente! --contestó el otro, súbitamente iracundo, y acercándosele más.
    . Grin no pudo evitar notar que le llevaba media cabeza, y que había apoyado la mano en el pomo de la espada. Tragó saliva.
    -- Disculpe, disculpe... Lo siento. --murmuró rápidamente, y se perdió entre la gente.
    . Pero no se perdió de veras. Desde un sitio entre las sombras, mientras se fumaba otra pipa, vigiló de lejos al sujeto.
    . Al cabo de un rato, otro parecido le vino a buscar, y marcharon juntos escaleras arriba.
    . Grin pasó el resto de la noche bebiendo apenas un par de pintas más, y fumando bastante, siempre disimuladamente atento a las escaleras. No quería acercarse a hacer más preguntas, y despertar por ejemplo las sospechas del posadero.
    . Entretanto, narró a quienes quisieran escucharlo -un viejo ebrio que apenas podía tenerse en pie, un campesino medio tonto y un viajero de tierras lejanas que apenas hablaba el idioma- más de sus supuestas aventuras:
    -- Y entonces la dama apareció de pronto, toda cubierta de sangre. Podéis creer que se había internado sola en el bosque a cazar? Y no sólo no estaba herida, si no que había cazado... ¡Un oso!
    . "Al parecer había usado una terrible técnica de combate, mediante una capacidad inusitada para esquivar sus zarpazos, y lo había ido desangrando y enloqueciendo con numerosos cortes de su cimitarra, hasta que al fin el oso había echado a correr... ¡Y ella detrás!"
    . "Fue aquí cuando comprendí que no se trataba en absoluto de los compañeros de aventuras usuales. Ya sabéis, esos a los que uno termina arrastrando casi a la fuerza de un lugar a otro, y que rara vez sirven para algo más que inventar sus hazañas ante una chusma poco despierta y..."
    . Grin carraspeó, y se rascó la cabeza.
    . "En fin... El asunto es que querían ir en dirección del país de los medianos. Claro que llegaríamos más rápido tomando primero el camino del norte, pero ellos no querían escucharme. Me consolé considerando la posibilidad de una visita a La Perca Dorada, donde sirven la mejor cerveza de la región, y en la señorita Campánula, cuyos favores, ejem, ya he tenido la fortuna de merecer con anterioridad."
    . En ese momento del relato, el campesino bostezó y se largó del lugar.
    . "Pero Campánula no estaba, y para mantener el espíritu alerta decidí dormir en el granero. Luego de hacerle los debidos honores a la cerveza de los medianos, por supuesto."
    . "Viajamos durante días, había mucha nieve y habíamos dejado atrás a Argoth y el otro elfo. El que nos acompañaba, de nombre Äramïs, ¡no se hundía en la nieve! Cosas de elfos..."
    . El forastero se escusó toscamente. Tenía los ojos enrojecidos y la voz ronca. Estrechó la mano de Grin y se retiró a su habitación.
    . "Después dejamos el río atrás, y divisamos los últimas estribaciones de las montañas, y luego la entrada de una cueva. ¡Fue ahí donde comenzó lo bueno!"
    . "No lo sabíamos todavía, pero la cueva era más grande por dentro, mucho más grande, y en su interior... En su interior habitaba medio centenar de bandidos!" (*)
    . El Ebrio acababa de desplomarse contra la pared, para terminar desparramado en el piso. Grin se preguntó si él mismo no se vería igual, cada vez que terminaba así...
    . "Luego, dudando que a esa hora tardía alguien se atreviese a emprender un viaje, y notando la escasa concurrencia restante, saludó al posadero y a algún conocido y salió."
    . "Entre bostezos, se dispuso a buscar un sitio en las caballerizas, encima del heno, uno que preferentemente no tuviese que compartir con demasiadas ratas, y donde no corriese el riesgo de ser pisoteado por altaneros caballos."



    (*) En realidad era más bien una treintena, pero dejemos al pobre de Grin relatar como a él le gusta, no?...

    Comentario editado el 20/08/2007 - 10:36:55

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  4. Buenisimas las narraciones de maese Grinwaldo!!! quiero la masacre de las cuevas contada por el. Como podra exagerar algo de por si ya exagerado???
    Aguanten Grin; Argoth; Cedar; Oircitap; y Aramis. Esperemos tener mas aventuras con ellos pronto.

    Saludos Mat!

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  5. . Grin despertó al alba, con frío en las rodillas y dolor de cuello. Recordó que había gastado sus últimas monedas en cerveza, no tenía ni para un magro desayuno.
    . Al menos le quedaba bastante tabaco, así que se sentó contra la pared de una casa, frente al Poney, al otro lado de la calle, y se puso a fumar para engañar al estómago.
    . A medida que amanecía, se cambió de lugar, acomodándose semioculto contra la esquina de otra casa, en la entrada de una calleja. Era mejor si no lo veían. Se bajó la capucha sobre el rostro.
    . Alguna que otra persona entró, y otras salieron, del Poney Pisador. Como una hora después, vio venir dos carretas desde las caballerizas, con sus respectivos animales de tiro más seis caballos ensillados, y pertrechados con vainas de cuero que guardaban espadas.
    . Gilley, el mozo de cuadras del Poney, los venía trayendo, junto a dos extraños que conducían las carretas. Una luz de esperanza se encendió dentro de Grin.
    . Esperaron frente a la puerta, mientras Gilley entraba. Al cabo de un rato, volvió a salir, acompañado del posadero, y diez hombres más, entre ellos el sujeto de la noche anterior. Otros tres vestían parecido, en cambio seis de ellos llevaban cota de malla. Y con ellos, espléndida al amanecer, estaba la hermosa joven que había cantado en la posada.
    . Grin se quedó sin aliento. Tenía que lograr conocer a esa muchacha! Algo dentro suyo le decía que podían llevarse muy bien...
    . Los que llevaban cota montaron en los caballos, la joven, el hombre de la noche anterior y otro más en la primer carreta, y los otros dos en la segunda. Mientras tanto el posadero los despedía con suma amabilidad, agradeciéndoles las estadía y declarándose gustoso de recibirlos otra vez.
    . "Ja. Linda bolsa te deben haber llenado", pensó Grin con amargura, tanteando en vano sus bolsillos vacíos.
    . Poco después el grupo inició la marcha. El posadero demoró un rato, saludándolos con la mano. Grin jamás lo había visto tan efusivo.
    . Cuando el hombre volvió a entrar, no se percató de una silueta envuelta en verde que cruzaba la calle rumbo a las caballerizas.

    -- Gill! Gilly! --llamó Grin, entrando en las caballerizas.
    . El aludido estaba ensillando un caballo. Se volvió con aire sorprendido.
    -- Ey Grin! Qué haces por aquí tan temprano?
    -- Averiguaciones, amigo mío. Ya sabes, siempre metido en mis... "investigaciones"...
    -- Claro, claro... --asintió Gilley, rascándose un sobaco.
    -- Oye, no sabés por casualidad, algo de esa gente?
    -- Quién? Ah, los que acaban de partir? Son gente de Fornost... Regresan allá, sí. Gente aguerrida, ah?
    -- Y díme Gill, cómo se llama ella?
    -- Mm? Ah, la dama Berinda! Hermosa, no es así? También fue muy amable conmigo, me dio propina y...
    . Pero Grin ya se había ido. Sus voces de agradecimiento flotaron hasta Gilley a través del portón entreabierto.

    Comentario editado el 21/08/2007 - 10:51:17

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  6. Che, quiero el relato de la masacre en las cuevas y como esa tal Berinda es destrozada por un jefe troll de los ejercitos de Angbar....

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  7. CóOOmo??! La hermosa Berinda destrozada por un jefe troll? Eso jamás!! Cómo se nota que no entendéis nada, vil granuja; ella sencillamente encantaría al troll con su canto, y se iría de allí caminando...

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  8. . Una figura solitaria, ataviada de verde, avanzaba a grandes trancos por el camino del norte, bajo el sol del mediodía. Se detuvo un momento para mirar atrás: "Primo Sombraverde me dijo la última vez, que había descubierto en cual de los Túmulos fue enterrado el último Señor de la Casa de Piedraverde... Qué tesoros, qué reliquias de nuestra familia nos pueden estar aguardando allí?"
    . Mientras pensaba en esto, el joven Grinwaldo no pudo evitar una punzada de angustia. La otra vez había tenido una visión: La espada gemela a la suya, quebrada en dos. Dónde estaría Sombraverde?
    . Pero él ahora tenía su propia misión.
    . Había regresado rápidamente a buscar su mochila, junto con sus últimos ahorros, y el resto del equipo. Y ahora se disponía dar alcanzo a las carretas donde viajaba la dama Berinda. O por lo menos, llegar hasta Fornost, Mundburgo de los Reyes, y buscarla allí.
    . Dejando de lado sus preocupaciones, encaró el camino con paso decidido.

    -- Sí, sí... Primero apareció aquella hobbit, chillando algo de que se habían llevado a su Señora... No se le podía sacar mucho más, estaba muy alterada por lo sucedido. --contaba Grin, esa noche, en una pequeña posada junto al camino.
    -- Claro, claro... --corearon un par de oyentes.
    -- Queréis más cerveza? La vuestra se ha acabado... --sugirió amablemente un campesino ingenuo.
    -- Oh, muchas gracias, buen señor, que vuestras cosechas siempre sean fértiles! --contestó un Grin radiante, todo sonrisas.
    El posadero le volvió a llenar el jarro, aceptando la moneda del campesino.
    -- Y después qué ocurrió? --preguntó una joven, intrigada. Nadie se percató de que, por un instante, un brillo malicioso rieló en el rabillo del ojo del narrador, a la vez que se relamía los labios.
    -- Bueno, pues, lo de siempre, ya sabe usted. Entramos a la cueva, con sumo sigilio por supuesto. Avanzando en la oscuridad, la dama Cedar, Oicirtap el Asesino, Äramïs el elfo y yo...
    -- Es cierto que los elfos ven en la oscuridad? --inquirió un muchacho, inquieto.
    -- Bueno, bueno... Se dicen muchas cosas de los elfos. Hay muchas que jamás llegaremos a comprender. Otras, son puras habladurías. Hay gente con la lengua muy fácil suelta por ahí... (ejem) Pero algunas cosas son ciertas, y ésa es una de ellas.
    -- Ah, entonces, la tenían fácil! --masculló un granjero barbudo, bajo y fornido, que tomaba cerveza negra.
    -- Bueno, "fácil" es una forma de decir, señor...
    . "De cualquier manera, descubrimos que el pasaje se extendía. Antes, había una cueva menor hacia la izquierda, en la cual Cedar se aprovisionó de manzanas y víveres diversos. Luego hallamos otra a la derecha, donde el elfo nos advirtió, dormía un individuo. Lo eliminamos en silencio... --llegado a este punto, Grin se rascó la cabeza. No estaba tan seguro de que hubiese sido así, pero para que romper el clima del relato?-- Y luego seguimos adelante."
    . "Habíamos dado cuenta de dos guardias armados, y ahora llegamos por fin a un sitio en que la caverna se ensanchaba ampliamente. En el centro ardía una hogera. En torno a ella, distinguimos cinco figuras embozadas. Al estar nosotros en la entrada, y haber avanzado con suma cautela, no habían advertido nuestra presencia, y las sombras nos cubrían."
    . Llegado a este punto del relato, Grin hizo una astuta pausa, alegando sequía en su garguero, para beber largamente y dejar flotar el suspenso...

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  9. Oh Pardiez he perdido mi mapa!
    (dónde podrá estar?)

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  10. -- Eres un maldito charlatán de feria! –estalló el hombretón, levantándose de pronto.
    -- Pe-p-pero... –balbuceó Grin, pálido.
    -- Cálmate, Bodi... –dijo un campesino.
    -- Bah!! – masculló el otro, alejándose hacia la barra.
    -- Entonces, eliminaron a los cinco? –preguntó el muchacho, ansioso.
    . Grin asintió.
    -- Oh, eso debe haber sido difícil! –exclamó la joven, azorada. Grin ensanchó una sonrisa.
    -- Bueno, nos hemos visto en peores y...
    -- Venga, y qué pasó luego? –interrumpió un parroquiano, con aire suspicaz.
    -- Pues bien, teníamos el pasadizo tapado por la roca, y el otro. Así que tomamos el otro. Al final del mismo descubrimos una caverna mayor, donde trabajaban varios hombres con picos y palas... Con ojo rápido, conté al menos una treintena de guardias.
    . “Lamentablemente, habían notado nuestra presencia, y tras disparar algunas flechas retrocedimos rápidamente.”
    --Por no decir que salieron corriendo! –bramó divertido el individuo que se había quedado en la barra, pero que aún desde ahí seguía escuchando la historia del viajero.
    -- Nos batimos valientemente en retirada. Sabíamos ahora que la doncella prisionera sólo podía estar tras la piedra, pero ya no teníamos tiempo para eso, si en algo valorábamos nuestras vidas.
    . “La valiente Cedar y Äramïs decidieron armar una rápida barricada, con maderas de los cajones y barriles, cerca de la salida, y las prendieron fuego. Mientras tanto, ejem, yo los cubría desde una distancia segura...”
    -- Y el Asesino? –preguntó el muchacho, siempre atento.
    -- Él? Ah, sí, venía hacia mi posición... Bueno, venía hacia mí, sí, pero a último momento regresó al interior de la caverna, justo a tiempo para demostrar su habilidad con la daga.
    . “Eliminó a otro de los bandidos, y luego Cedar y el elfo lo siguieron de nuevo al exterior. Corrimos hacia el sur, tanto como pudimos; y detrás nuestro vimos aparecer en la boca de la cueva a nuestros enemigos.”
    . “Nos persiguieron a través de la fría estepa, pero nostros disparábamos sobre ellos de tanto en tanto. Oicirtap estaba herido, y tratábamos de darle tiempo. Logramos derribar a varios de ellos, con nuestros arcos, y Cedar llevaba una pequeña ballesta.”
    . “Esto lo fue desmoralizando, y abandonaron la persecución. Continuamos corriendo todo lo que pudimos, y al fin llegamos al linde de un bosquecillo, donde nos refugiamos.”
    . “Pasamos la noche allí, y al día siguiente tratamos de curar nuestras heridas de la mejor manera posible.”

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  11. . La noche siguiente, Grin durmió a la interperie. Buscó un sitio reparado y oculto de quien pasara por el camino, y se arrebujó en su gran capote verde. Ni siquiera encendió un fuego, aunque no estaba muy claro si esto se debía a que no quería delatar su posición, como buen montaraz, o a lo desmoralizado que estaba.
    . Había comenzado mal la jornada, levantándose tarde y con resaca en la pequeña posada. Luego de caminar de mala gana y cansado durante algunas horas, finalmente el dolor de cabeza había remitido.
    . "Porque habré tenido que mezclar brebajes? Si sé muy bien cuál es el efecto...", se decía, culpando a tales cosas de su migraña, pero nunca a la ingente cantidad de líquido ingerido.
    . Aunque al dejar atrás la resaca, le había venido el júbilo que siempre le venía, en los momentos en que volvía a sentir su cuerpo en buen estado; al atardecer le había entrado la depresión: Se sentía solo y perdido, y le parecía que Fornost quedaba muy lejos. Nunca había ido hasta allá, y además comenzaba a decirse que era una soberana tontería pretender ir en busca de esa hermosa cantante.
    . Con todo, antes de dormirse en la oscuridad, y acaso para acallar el miedo a que alguna criatura siniestra surgiese de las sombras y lo devorase, evocó la imagen de la dama Berinda y se puso a soñar despierto.
    . Se imaginaba encontrándola al fin -siempre se veía a sí mismo apareciendo en alguna actitud gallarda-, y contándole su última aventura, en la cual, gracias a su férrea voluntad por supuesto, se habían batido exitosamente contra una docena de bandidos, siendo sólo cuatro locos valientes, y habían rescatado sana y salva a la dama prisionera.
    -- Berinda. --murmuró en medio de la noche, con el bosque por oyente.
    . Engañando a su realidad, imaginando que ella se había acostado a su lado, que se acurrucaba en sus brazos y le apoyaba la cabeza en el pecho, y abrazando su propia mochila, se quedó finalmente dormido.

    Comentario editado el 10/09/2007 - 07:45:49

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  12. . Al día siguiente fue peor: Amaneció temprano, con una fina llovizna gris repiqueteando sobre las hojas, y también sobre su cara.
    . Junto sus cosas lo más rápido que pudo, armó la mochila algo desordenadamente y abandonó el bosque, regresando al camino.
    . En el transcurso de la mañana, como eco de sus negros pensamientos, la llovizna se volvió lluvia, y ya no cesó en todo el día.
    . Cansado y mojado, hizo un alto al mediodía, para comer queso y pan viejo, y descansar las piernas.
    . Tenía pocas ganas de seguir, y estaba tratando de convencerse de ponerse en pie nuevamente, cuando le vino el fragmento de una estrofa a la cabeza:

    "Seres de la noche con su negro antifaz
    en la oscuridad no puedo escapar
    y no hay estrella que me haga brillar"


    . No era eso lo que había cantado Berinda? Se estremeció, más que por la lluvia, por un súbito temor: Se contaban algunas historias... Criaturas tenebrosas, al servicio del Rey Brujo, merodeaban en la noche, lejos de las aldeas... Cosas peores que "simples" lobos y trasgos, o aún temibles trolls.
    . Se podía contar con que el camino a la ciudad-fortaleza de los Reyes, estuviese despejado?
    . De mala gana, Grin continuó caminando durante toda la tarde. Sus pasos eran lentos y torpes, ya no sentía que tuviese mucho sentido lo que hacía.
    . A última hora, la lluvia paró, y parte del cielo se despejó, creando de improviso un crepúsculo espectacular de colores incandescentes.

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  13. . Exhausto, buscó un sitio donde pasar la noche, y halló uno agradable cerca de un arroyo.
    . Esta vez se dio el lujo de hacer un pequeño fuego, entre el pedrerío cerca del agua, tratando de que no fuera muy visible, y al reparo de varios árboles y arbustos.
    . Antes de cenar, ¡por fin comida caliente!, aprovechó para defecar y lavarse luego en las gélidas aguas.
    . "Si mañana está lindo el día, me daré un baño", pensó, ahora más animado, mientras cargaba su vieja pipa.
    . Fumó en paz, y dejó que el fuego se extinguiera, contemplando las estrellas y pidiéndoles que no permitiesen que ningún peligro lo pillara desprevenido. O que no lo pillara en absoluto, no esa noche al menos, estaba tan agotado que casi no le importaba nada, sólo quería descansar.
    . Se arrebujó en el manto verde, y pronto se quedó dormido. Las criaturas del bosque que pasaron por allí, se sorprendieron de sus ronquidos, pero ninguna se atrevió a molestarlo.

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  14. . Al día siguiente no estaba lindo, estaba hermoso, sencillamente espectacular. No es que fuese tan raro contemplar ese vasto cielo azul, la ausencia del viento, o la tibieza de los rayos de sol en la cara: Pero es que después de tanto clima tormentoso, resultaba un auténtico deleite.
    . Grin se bañó en el arroyo, y si bien las aguas estaban heladas, se sentía de pronto tan contento que se puso a cantar una canción:

    Sale el sol
    y de nuevo yo
    vengo a aventurear
    ¡Brinca, arroyo!
    ¡Escúrrete, trucha!
    ¡Ríete, Sauce!

    Sale el sol
    y aquí vengo yo
    voy a buscar
    la voz de una dama
    un corazón que llama
    y el buen viajar

    Sale el sol
    límpido el cielo
    sonríe feliz
    aquí hay uno que te saluda!
    ¡Cantad, pajarillos!
    Llega la primavera...

    . Sus ropas estaban secas, sus cabellos libres de grasa, su espíritu parecía haberse lavado también, de aquella vacía desesperanza...
    . Juntó sus cosas y reemprendió la marcha, silbando aún su nueva tonada bajo el sol, sonriéndole al cielo y riéndose solo como un niño que juega ensimismado.

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  15. . Transcurrieron algunos días, ahora con un clima benigno, y Grin achicaba distancia con Fornost.
    . Noches apacibles bajo las estrellas, descansos sin apuro en los que aprovechaba para fumar un poco en pipa, amaneceres tempranos en los que se preparaba un buen té de Ciprés, largas caminatas que lo llevaban siempre a descubrir un nuevo horizonte detrás del anterior, distrayéndose siempre en las formas de las colinas, el canto de los pájaros, una pareja de carpinteros que hicieron caso omiso de él al pasar, y a menudo alguna que otra liebre que huía y se escabullía cuando lo sentían llegar.
    . En una ocasión afortunada desayunó unas cuantas frutillas que halló, no muy lejos del camino. Otra vez logró pescar una trucha en un arroyo, y eso que ésta no era una tarea que se le daba bien.
    . Se cruzó con pocos que venían desde el norte, y soñó con Berinda una vez o dos, lo cual lo hacía despetar anhelando llegar hasta ella.
    . Un día, cuando un anochecer rápido se cernía sobre él y lo impulsaba a apurar el paso, encontró una granja y decidió pedir alojamiento, así que se acercó a golpear la puerta. Salía humo por la chimenea, el aroma del fuego encendido, la luz que se filtraba por la ventana y el eco de unas voces lo atrajeron irremisiblemente. El balar de algunas ovejas cercanas, entre unos rústicos corrales, le hizo creer que estaba en un sitio familiar, como en cualquier otra granja de la aldea de Bree o los alrededores.

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  16. . Lo recibió un hombre hosco en la puerta, por un momento Grin creyó que lo iba a echar, pero lo invitó a pasar.
    . Conoció así a una familia de granjeros, que esa noche con él compartieron la cena que había preparado la mujer. Grin habló poco, no se sentía con ganas de andar alardeando ahora, si no demasiado agradecido, y el granjero era grande y fornido, con brazos gruesos como piernas.
    . A pesar de todo, no pudo evitar que en una ocasión o dos, cuando -al menos así lo esperaba- sus padres no lo advirtieron, sus ojos no pudieron evitar encontrarse con los de su hermosa hija.
    . Grin notaba el interés de ella, un velado brillo ardía en sus hermosos ojos, y a medida que la noche avanzaba y la mujer levantó los platos, mientras el granjero le contaba sobre la última cosecha, nuestro intrépido viajero no pudo evitar imaginarse cómo sería la vida si se quedase a vivir ahí, viviendo como ellos, y acaso encontrarla a ella esperándole en la cama a la hora de acostarse.
    . Pobre soñador empedernido, apenas alcanzó a prestar atención a lo que le contaba el granjero, sobre algunas tropas que habían visto pasar, ahora que la guerra recrudecía en Mundburgo. No obstante, alcanzó a escuchar lo suficente como para hacer un comentario o dos, lo bastante acertados como para mantener al granjero entretenido. De hecho, el hombre sacó una botella oscura de una estantería elevada, y sirvió para ambos un licor espeso, mientras la mujer regañaba a su hija y ellas se iban a acostar.

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  17. . Tarde en la noche, con el granjero habiéndole indicado un improvisado jergón de paja en el granero, antes de despedirse de él, Grin salió a aliviar su vejiga junto a unos árboles.
    . Regresaba bostezando rumbo al granero, cuando el tacto de un dedo sobre su hombro casi lo mata del susto.
    -- Oh perdonadme, os he asustado? --susurró la muchacha.
    -- Caray... --se rehizo Grin, tratando de adoptar un aire bravío-- Sí que me habéis sorprendido.
    -- Disculpadme, caballero... --comenzó ella. Si no hubiese debido guardar un semblante más como de gallardía, o al menos eso pretendía, se hubiese rascado de buena gana la cabeza: Quién podía llamar "caballero" a su mugrienta persona?-- No pretendía molestaros. Pero oí que venís de lejos, y lejos váis... Y observé vuestros modales, que son buenos...
    . Grin se atragantó, pero logró disimularlo con un carraspeo que pareció serio, y un enarcamiento de la ceja que, cuando se miraba allá en el espejo de la posada de Bree, se le daba genial.
    -- Sé que necesitáis descansar, pero quisiera acompañaros un rato, si no es grave molestia: No quisierais acaso contarme, cómo es Norburgo de los Reyes, o la ciudad de Bree?
    . Grin se lo pensó un momento. "ciudad" de Bree, ese poblacho grasiento? No obstante se sentía terriblemente halagado porque la chica era realmente hermosa, y era ELLA la que quería hacerle compañía a ÉL, y no viceversa, en las penumbras de una taberna, con él correteándola varios jarros de cerveza mediante.

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  18. para leer el comienzo de esta historia:
    http://www.fotolog.com/fumador_pensante/21080531

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  19. . La chica era realmente hermosa, y parecía tan inocente, y tan necesitada de la protección y auxilio de un bravío caballero, que tal vez Grinwaldo ahora se creía uno.
    . Halagado como se sentía por sus palabras, y contento de tenerla cerca, le contó sobre la vida en Bree, aunque pintó las cosas un tanto más "pintorescas", por así decir, ahorrándole a su oyente algunos detalles no muy agradables.
    -- En cuanto a Norburgo, nunca fui hasta la ciudad del Rey, esta será mi primera vez.
    . Ella suspiró. Los ojos le brillaban, mientras escuchaba casi con avidez lo que Grin contaba.
    -- Y vos, qué me contáis? La vida parece apacible y maravillosa en este bello lugar... --dijo el viajero, al cabo de un incómodo silencio.
    -- Maravillosa? Oh, señor! ¿¡Maravillosa?! Levantarse tooodos los días a dar de comer a los puercos, y las gallinas, y cuidar cada detalle en la preparación del queso, una y otra vez, y que la comida siempre esté lista cuando llega mi padre, y la casa limpia, y limpiar los baños... Ayyy!
    . Ella parecía realmente dolida. Al menos, se lamentaba como un prisionero. Pero Grin dudaba de que alguna vez hubiese estado en un calabozo, como los que él había conocido, o que siquiera pudiese darse cuenta realmente del tesoro que su familía poseía, y de cuántos hombres hubiesen matado por poseerlo.
    -- Os lo confieso --dijo ella al cabo de un nuevo silencio--: Estoy harta de esto! Harta!
    -- Shhh bajad la voz... --susurró él-- Qué dirían vuestros padres?
    . Ella se encogió de hombros.
    -- Ellos sólo esperan que cumpla siempre con todas mis tareas, las cuales habré de seguir haciendo luego para el gordo Strubb o para Halvicor, o cualquier otro granjero cabezahueca con el cual esperan que me case... ¡Y que tenga sus hijos! --agregó, con una mueca de asco.
    . Grin no sabía qué decir. Para ganar tiempo, y también un poco para hacerse el misterioso, se puso a cargar la pipa. Ella lo contemplaba con aire vacilante. Se había acercado un poco más a él.
    . Fumó en silencio, dirigiéndole ocasionalmente una mirada pensativa --como si de veras estuviese pensando algo realmente sabio que decir--, mientras ella seguía con esa expresión de cachorro mojado en su cara.
    -- Cuál es vuestro nombre? --inquirió la joven de pronto.
    . Grin carraspeó antes de contestar:
    -- Soy Grinwaldo de la Casa de Piedraverde de Cardolan. --cómo le gustaba pronunciar su propio nombre!
    . Ella abrió los ojos como platos. Parecía impresionada. O tal vez, simplemente, necesitaba creer.
    -- Y el vuestro? --agregó Grin, con el tono y el gesto de un cortesano en plena cena de gala.
    -- Oh... Yo... Mi nombre es Gaelvana. --contestó tímidamente, avergonzada.
    . Lo que siguió fue inevitable. El licor del granjero había resultado lo suficientemente fuerte como para volver a Grin tan atrevido como de costumbre. Estaba jugando el juego que bien sabía, siempre en las tabernas. Pero no, en realidad, él creía que estaba jugando el juego de siempre... si no fuese porque había pasado por alto un "pequeño" detalle: No estaba en una taberna.
    . Grinwaldo tomó la mano de la muchacha, y besó su dorso, en caballeresca actitud. Ella ahogó una exclamación y se arrojó en sus brazos.
    -- Oh asistidme, os lo ruego, asistidme! --Grin devolvió el abrazo, y trató de calmarla con unas palmaditas.
    . Quizás, aunque el licor hubiese embotado su parecer, algún último resquicio de su instinto de supervivencia estaba chillando desde algún rincón, tratando de advertirle que no se metiese en problemas. Pero sin duda era un rincón muy lejano.
    -- Permitidme acompañaros, maese Grinwaldo! Necesito escapar de este lugar, o terminaré por volverme loca! No lo soporto más, temo que ya estoy perdiendo el juicio, sin darme cuenta quizás... --soltó Gaelvana en una retahíla, haciendo mohines.
    . Parecía la doncella más desesperada que Grin hubiese visto jamás.

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  20. -- Pero, oh! qué decís? Noble dama... Llevaros conmigo al norte? Y ahora que hay guerra allá... Creo que vuestro padre jamás perm...
    -- Es que no lo entendéis, señor mío! --lo interrumpió ella. Grin sintió un extraño cosquillea, el oírla y verla llamarlo de esa manera. Se le estaba nublando la cabeza, y no precisamente a causa del licor: Qué hermosa era!-- Mi padre, sí, pero también mi carcelero. No quiero quedarme aquí y casarme con uno de sus amigos! Si no escapo pronto, eso es lo que sucederá... Ay... Qué será de mí?
    -- Pero, pero... Es que pretendéis que os secuestre, como un granuja cualquiera? --replicó Grin azorado.
    -- Secuestrarme? Si os acompaño, voy por propia voluntad! Es que vos lleváis una buena vida, podéis viajar a donde os plazca... Además, no soy tonta! Veo que lleváis una espada, no sois pues, un vagabundo cualquiera... Dejadme acompañaros, si os resulta más fácil, seréis mi escolta, tan sólo hasta la gran Norburgo de los Reyes! Ah, ya quisiera ver yo el palacio!

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  21. . Grin se la quedó mirando en silencio, sopesando para su propia sorpresa las posibilidades. Algo de eso sobre "buena" vida, o de que él no fuese exactamente un vagabundo, tal vez necesitaba ciertas correcciones...
    -- Puedo pagaros! Tomadlo... Oh, tomadlo como un trabajo! No aceptaríais?
    . La expresión de incredulidad de Grin fue su única respuesta.
    -- Tengo mis ahorros! Esperadme aquí.
    . Antes que Grin pudiese reaccionar, ella ya se había marchado. El muy tunante sintió entonces miedo: Y si los granjeros despertaban y encontraban a su joven hija junto al forastero al que habían recibido de buen grado, en el granero??

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  22. Citar »
  23. . Imaginó lo que los fuertes brazos del granjero podían hacer, tragó saliva, imaginó lo que algunas de las herramientas en manos del granjero podían hacer!
    . Se preparó para escapar, juntó sus cosas y... Cuando iba a salir, Gaelvana estaba de regreso, con inusitado silencio para una inexperta aventurera como ella. Y estaba vestida para viajar, y con un morral al hombro.
    -- Aquí tenéis. --susurró, tendiéndole un pequeño saquillo de tela, cosida con motivos florales de colores. Era el saquillo donde una doncella puede guardar hilos y agujas, pensó Grin. No se comparaba con su sucio y gastado saquillo de cuero.
    . Al comprobar su contenido, en el silencio de la noche, allí bajo la puerta entreabierta del granero, disimuló una mueca de risa: Esas monedas no hubieran alcanzado para pagar de veras los servicios de alguna suerte de escolta... Sin embargo, era exactamente la misma suma con que contaba el propio Grin.
    . Casualidad o destino?, se preguntó.
    -- Ay, dama... En qué estáis queriendo meterme? --preguntó en voz baja, vacilante-- Si tanto deseáis realmente viajar, lo puedo aceptar. Más conservad vuestras monedas, no... No las puedo aceptar. Más sabed que probablemente las tendréis que usar durante los gastos del viaje... De cualquier manera, jamás podría llevaros conmigo sin el consentimiento de vuestro padre, y eso mismo me dispongo a pedir, pues...
    . De súbito Gaelvana le tapó la boca con la zurda. Se acercó a él, colgando su brazo derecho en torno al cuello del pobre indefenso de Grin... Sintió el roce de sus senos, y la sangre le comenzó a hervir.
    -- Vámonos ahora, oh, buen Grinwaldo! Por favor os lo suplico, mi padre jamás me dejaría ir, no lograría comprenderlo!
    . A Grin le daba vueltas la cabeza. Ella retiró la mano, y se abrazó a él. Sus senos eran blandos y se expandían contra su pecho. La piel de su mejilla contra su mentón era suave y blanca, tan pura...
    -- Sóis mi única oportunidad, ¡Mi salvación!

    -- Nunca me perdonaré por esto. --contestó Grin, al cabo de unos momentos. Su voz ahora era muy seria y hasta bravía. Claro que en realidad estaba pensando que quien jamás lo iba a perdonar era el granjero.


    . Con las estrellas por testigo, y un búho que ululó desde un árbol cercano al verlos pasar, el intrépido Grinwaldo y la joven Gaelvana se alejaron en silencio, los dos con el corazón latiéndoles fuerte en el pecho.

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  24. ke putamente groso es critor....me saco el sombrero..

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  25. Ahahá! Caray, el bardo agradece vuestras palabras, oh, bendita m...!! Con una reverencia agradece a la audiencia, que le place si a ésta ha gustado la historia narrada...
    Más ésta no ha terminado aún, y hace rato que crece y crece, verEMOs a dónde va a parar el bueno de Grin, ahora en compañía de Gaelvana... Pero lo veremos luego de que refresque abundantemente esta cansada garganta! jo JÓ!!
    Risa

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  26. Guay! Acabo de verlo ¡Prometo leerlo entero!

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  27. MAPA DE BREE Y ALREDEDORES
    (lo encontré!)


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  28. . Aquella primera noche marcharon lentamente, Grin estaba cansado y necesitaba dormir, aunque trataba de hacerse el duro. En realidad, no era sólo eso, era también el pavor de ser alcanzado por el furioso granjero. En cuanto a Gaelvana, ella marchaba ansiosa, aparentemente infatigable, siempre detrás de su inesperado guía.
    . No obstante, todavía bajo la oscuridad, llegó una hora en que los bostezos del bardo se repetían demasiado. Su imaginación y el cansancio jugaban malas pasadas a sus ojos, y creía ver más en cualquier sombra fugaz de lo que realmente había. Trastabilló más de una vez o tropezó con alguna que otra rama o piedra. Entonces de dio cuenta que era hora de detenerse.
    . Esto requirió una adrenalina extra, por supuesto. Instruyó a su flamante compañera para pisar con mucho, mucho cuidado; para evitar quebrar cualquier rama, y adentrarse lenta y lo más suavemente posible en un bosquecillo a la izquierda del camino. Grin estaba pensando en no dejar ningún rastro.
    . Incluso había tenido la sorprendente idea de retroceder pisando exactamente sobre sus mismas huellas un breve trecho. Antes de hacerlo, habían dado unos rodeos en el camino, y habían marcado como si hubiesen salido hacia la derecha.
    . Al fin, después de franquear unos cuantos matorrales, hallaron una hondonada profunda y oscura dentro del bosque.
    . Se acomodaron como pudieron y Grin se durmió casi en el acto.
    . Gaelvana permaneció despierta un rato más. De pronto estaba un poco asustada. Ya había dormido otras veces a la interperie, en casi olvidadas aventuras con sus primos. Su guía ahora roncaba suavemente. No obstante, ella confiaba en él. Si bien no lo conocía, se dijo a sí misma, se consideraba capaz de darse cuenta de algunas cosas, por las maneras y la mirada de un hombre, y también por su charla. Y estaba segura que este joven carecía en absoluto de maldad alguna.

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  29. Citar »
  30. . Grinwaldo soñó que veía la espada quebrada, la gemela de la suya, que portaba primo Sombraverde. Sintió un pesar en el corazón que lo terminó por despertar en medio de la noche.
    . A su lado, Gaelvana dormía. Grin la escuchó respirar suavemente, tan cerca... Percibió también su perfume. Lamentaría ella al día siguiente, haberse embarcado en tan inusitada aventura? Acudir a una ciudad en guerra no parecía ser precisamente algo muy prometedor.

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  31. . Por fin se durmió nuevamente.
    . Despertaron avanzada la mañana. Grin deseaba secretamente dormir un buen rato más, pero no lo demostró.
    . Ella compartió de buen talante unas frutas que había traído de la granja, y luego regresaron al camino en silencio.
    . Continuaron marchando así un buen rato.
    . Pasado el mediodía, cuando sus estómagos crujían y el guía ya estaba pensando en detenerse a comer, oyeron el ruido y luego vieron aparecer detrás suyo una carreta que pronto les daría alcance.

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  32. -- Saludos! --dijo Grin en voz bien alta, quitándose la capucha y elevando la mano, con gesto amistoso. La carreta llegaba ya hacia ellos sobre el camino polvoriento. Gaelvana parecía nerviosa, tragó saliva, dirigiendo una mirada esquiva a los desconocidos.
    -- Hooo! -- exclamó el conductor, tirando de las riendas. Los caballos de carga se detuvieron obedientes, y piafaron sonoramente.

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  33. . Junto al conductor venía sentado un sujeto de cabellos muy recortados, de rostro enjuto y curtido, con un parche negro que cubría su ojo izquierdo. Se incorporó en el asiento y les habló con tranquilidad.
    -- Quién va armado por los caminos del Rey en estos tiempos de guerra? --inquirió, y tanto Grin como Gaelvana vieron que llevaba en la espalda un mandoble de considerable tamaño.
    . "Frente a ella mi pequeña "escarbadientes" parece un jugete...", pensó Grin.
    -- Mi nombre es Grinwaldo... --titubeó, intimidado-- Grinwaldo de la Casa de Piedra Verde de Cardolan! --agregó súbitamente, con tono ahora seguro-- Me acompaña la dama Gaelvana. Vamos a Norburgo.
    -- De la Casa... ? Vaya. En estos tiempos todas las espadas y las flechas --dijo, sin disimular una mirada al carcaj de Grin-- son más que necesarias. Corren tiempos aciagos. Si algo en verdad ha quedado de Cardolan, más que colinas vacías por donde sopla el viento y ruinas que se enmohecen rápidamente, harías bien en unirte a la guerra. El Enemigo es implacable, y sumamente poderoso. Pero no podemos dejar que Arthedain caiga! --exclamó al final, con tono súbitamente brioso.
    -- Pues mi sangre es de Cardolan sin dudas, y acaso alguna vez no fuimos todos el mismo reino, en tiempos no por todos olvidados? Pero, y quién sois vos, que tanto preguntáis?
    -- Mi nombre es Ormar, sólo soy un guerrero al servicio del Rey. Llevamos una carga de provisiones para las tropas, de otro modo os ofrecería llevaros. Y no podemos demorarnos, si tuvieses caballo te pediría que nos acompañaras. Un filo más con que defenderse de posibles emboscadas siempre es bienvenido.
    . "Punto para él", se dijo Grin, ya que en verdad su vaina, al tratarse de un estoque, era más corta y no sobresalía por debajo de su capa. No obstante era lo primero que el tal Ormar había notado en él.
    -- En verdad mal no nos hubiera venido ir con vosotros el resto del camino... --respondió Grin, ya más relajado.
    -- Lo lamento. No vamos tan solos. --agregó Ormar. A un gesto suyo, el conductor sacudió las riendas, y los caballos marcharon de nuevo-- Quizás nos veamos entonces dentro de no tanto tiempo, Cardolan! --se despidió el guerrero, mientras la carreta pasaba junto a los dos jóvenes.
    . Cuando la carreta se adelanto, vieron que la parte posterior estaba abierta, y dentro, sobre cajas y barriles, iban sentado unos hombres hoscos de aspecto aguerridos, que llevaban espadas. Se dirigieron mutuamente unas miradas silenciosas, y luego la carreta se alejó traqueteando por el camino.

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  34. (ji ji)

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  35. . Se habían quedado mirándola alejarse durante un rato, hasta que se oyó el crujir de un estómago.
    -- Tenéis hambre... --dijo ella. Grin enrojeció, pero esperaba que sus patillas y bigote y su enmarañado cabello lo disimularan.
    -- Err...
    -- Yo también. Aún tengo varias manzanas! --agregó alegremente, y le ofreció una a su compañero de camino.
    . Caminaron un rato más, mordisqueando con fruición varias manzanas. Al cabo resolvieron hacer un alto y se sentaron entre unos árboles de hojas color verde claro. Grin se apoyó contra uno de los troncos y, tras dar un resoplido, comenzó a armar su pipa.

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  36. . Fue una tarde tranquila, caminaron bajo un sol amable, tapado sólo ocasionalmente por alguna que otra nube. El camino serpeaba entre unas colinas y la brisa era leve.
    . De tanto en tanto Gaelvana le hacía alguna pregunta sobre las tierras más al sur, en especial de Bree y los alrededores.
    -- Son tierras tranquilas, granjeros y campesinos, como vuestro padre. --recordaba él con resquemor-- Aunque ahora nos azote la sombra de la guerra... Hay agradables bosques, con pequeños arroyos en las cañadas, puedes pasarte varios días lejos del pueblo, encender un fuego al anochecer... --suspiró Grin-- No obstante Bree es un pueblo grande, y allí los hombres son libres y hay muchos oficios que aprender.
    . Sin dejar de andar, contempló el rostro de la animosa Gaelvana una vez más.
    -- Vaya... Creo que allí podrías probar suerte, sabes? Conseguir quizá un trabajo... Sin que te obliguen a casarte con un campesino viejo y gordo. --sonrió el montaraz.
    -- En serio? Lo creéis así? --la sonrisa de la chica se hizo enorme-- Contadme un poco más! Cómo viven esas gentes? Quiero conocer la ciudad!
    . Grin le habló un poco de Bree, y la vida apacible en la gran aldea. Pero al pensar en ciudad, su mente, mientras le seguía contando, pensó en Fornost, una auténtica ciudad y fortaleza, en pie de guerra feroz con un enemigo temible...
    . Y hacia allí se dirigían.

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  37. . Jirones de nubes jugaban a robarle sus colores al atardecer, rosadas o anaranjadas, haces dorados desde un sol que besaba el filo de las montañas en la distancia, y un fragmento del cielo de un púrpura profundo, como si en verdad se abriese allá lejos una brecha que permitiese a algún viajero osado llegar hasta el país de los Elfos, cuyas historias alguna vez Grin había oído cautivado.
    . El incauto aventurero indicó a Gaelvana abandonar el camino, y buscaron en una pequeña cañada cercana hasta hallar un rincón agradable: Un semicírculo de cipreses los ocultaba de cualquier ojo que viniese por el camino, varios metros más arriba; y un arroyo cantarino bajaba corcoveando entre árboles y rocas, y dando algunos pequeños saltos aquí y allá.
    . Acunados por su suave murmullo bostezaron y se acurrucaron en el suelo, envolviéndose en sus mantos para dormir, sin siquiera probar bocado. Pronto los ronquidos de Grinwaldo acompasaron el ritmo del arroyo murmurante.
    . La muchacha se acercó lentamente al durmiente, y se acurrucó contra él antes de quedarse también dormida.
    . Sumido en un mundo de sueños y recuerdos borrosos, Grin sintió la calidez de un cuerpo cercano, y los latidos del corazón de ella.
    . Despertó lentamente en medio de la noche.
    . Oyó el ritmo de su respiración suave, sintió el aliento de ella cerca de su rostro. Dormía plácidamente. Sin saber muy bien porqué, estiró su brazo en torno a ella, como si acaso eso la fuese a proteger de alguna manera.
    . Luego fue cayendo lentamente, sumergiéndose de nuevo en recuerdos de tabernas y aventuras, y rostros de muchos amigos y otras damas que había conocido...

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  38. . Con las primeras luces del alba, un Grin un tanto aterido de frío no pudo evitar despertar. Intentó caer en el reparador sueño durante un rato, sin éxito. Al final se dio por vencido, cubrió a Gaelvana con su gastada y polvorienta pero gruesa capa, y preparó un pequeño fuego. Puso algunas hojas a hervir en el agua, una buena infusión era lo que necesitaba, y tampoco le vendría mal a su inesperada compañera al despertar.
    . Haces de luz de un sol brillante jugaban a horadar un puñado de nubes en el horizonte. Grin se desperezó largamente y se armó una pipa. Durante un breve momento su mirada se demoró en Gaelvana... Si bien tenía los cabellos desordenados y enmarañados, tuvo que reconocer que era hermosa.
    . Sacudió la cabeza, deshaciéndose de tales pensamientos. Norburgo estaba cerca. Participar en la guerra? Recordó las palabras del sujeto de la carreta... No era precisamente ésa la idea del cobardica de Grin. Recordó la belleza de Berinda, y su voz cautivante, entonando aquella canción...

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  40. (inicio de estas extrañas crónicas...)
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