CACHIPORRA FÁCIL

(un ¿viejo? cuento del 2002, 7 de marzo para ser precisos...)



. El sol es la única verdad absoluta en ese momento. El calor, y la transpiración de unos y otros, pero más torturadora todavía para aquellos de uniforme. El aire está cargado con una tensión que amenaza a estallar con toda su furia en cualquier momento.
. La gente que se acerca a protestar a la plaza, negándose a creer que lo de anoche fue un sueño. Pero no, esa imagen del pueblo entero avanzando por las calles está muy fresca en las mentes de todos. Ahora muchos lo miran por televisión, las fuerzas de seguridad se ven demasiado amenazantes.

. Algunos gases vuelan. Algunos jóvenes osados, que se suben la remera para cubrirse la boca y la nariz, los devuelven. Otros se sientan en el piso y aplauden rítmicamente, tratando de hacer evidente lo pacífico de su manifestación. Pero hay mucha bronca en el aire.
. Pepe la siente tensando cada uno de sus músculos, caldeando su sangre. Le rechinan los dientes de ira contenida, sin saber exactamente contra qué. Pero se mantiene en su posición, igual que sus compañeros a ambos lados.
. La noche anterior fue increíble, había muchísima gente llenando la plaza. Hoy sólo hay algunos grupos que no se resignan, no quieren resignarse. Por la madrugada se confirmó la renuncia del ministro, pero quieren más. Quieren mucho más.
. Ramírez les repite que mantengan sus posiciones. A Pepe le sudan las manos. Acaricia el pomo de su cachiporra, ansioso por que se resuelva esta situación insostenible. Allá están los de la montada.
. A su lado Omar cuchichea:
-- Puta que están jodidos estos culeados! No se van a ir hasta que no reciban, eh?
. Pepe asiente con la cabeza, sin atinar a decir nada. Está nervioso, muy nervioso. Tanta tensión lo vuelve loco, necesita actuar para descargar y sentirse mejor.
. Ramírez los sigue conteniendo, algunos civiles les arrojan cosas. Una mujer se acerca y comienza a recriminarles:
-- Pero qué les pasa, eh? Si ustedes también son el pueblo! No sean boludos, no les sigan haciendo el juego a todos estos hijos de puta que se han cansado de cagarnos, muchachos...!
. Se trata de una señora mayor, vestida con ropas baratas pero limpias, y con anteojos, aunque visiblemente alterada. No toda la gente que está en la plaza son los violentos, también hay gente común. Pero Pepe sacude la cabeza, haciendo como que no la ve, y trata de distraerse pensando en cualquier cosa mientras mentalmente cierra sus oídos.
. Hay quienes hacen caso omiso de los gases y se "atrincheran" en el piso, cubriéndose con buzos o remeras, y no se trata sólo de los jóvenes más arriesgados. Hay gente que grita "No nos vamos a ir de acá!".
. Se escuchan algunos cantitos insultantes, y el más doloroso para ellos:

. "Borom-bombóm, boróm-bombóm!
. El que no salta, es un botón!"

. Canta la gente unida, personas que no se conocen entre sí y provienen de diversos lugares, pero que comparten similares sentimientos. Hartazgo, de tanto esfuerzo en vano, de tanta hipocresía, de tantas ilusiones rifadas, de tantos abusos sufridos.
. Y finalmente se rompe ese frágil equilibrio. Pepe ni siquiera se ha dado cuenta de cómo ha sucedido, improvisados proyectiles caen sobre algunas de sus cabezas, y ellos avanzan a paso firme contra la gente.
. La orden de despejar la plaza ha sido clara.
. Eso es todo lo que existe en ese momento en la cabeza de Pepe.
. Pero aunque mucha gente se retira, otros se resisten. Vuelan más gases. Alguno vuelve. Omar espanta con un par de golpes a unos tipos de como treinta años. La cachiporra de Pepe tantea el aire, ansiosa.
-- Vamos, repriman, carajo! --ordena alguien, quizás Ramírez, a esa altura del tumulto todo es demasiado confuso, no se oye con claridad, ni siquiera se ve con claridad. La furia nubla la vista de algunos, la desesperación la de otros. 20 de diciembre del 2001, un día cuyas imágenes quedarán grabadas en la memoria de los argentinos.
. Pepe se ensaña con un hombre que se niega a retroceder, a pesar de los golpes que recibe. El otro lo insulta y trata de golpearlo, pero Pepe ni lo siente y sigue golpeando. Un compañero lo ayuda y el tipo se retira ensangrentado, quejándose e insultando con la voz ronca.
. Tan enardecido está, concentrado en golpear y golpear, en cumplir con la orden, "despejar la plaza", que no alcanza a distinguir nada más a su alrededor. Como por ejemplo cuando Rodríguez atropella con su caballo a un grupo de chicos y chicas que permanecían sentados sin hacer nada.
. Juan siente un dolor terrible en la pierna, luego de que el caballo pasa de largo. Se levanta y se aleja a trompicones, llorando de dolor, y también de rabia y de impotencia.
. Sus amigos se acercan a ayudarlo. Ya es hora de abandonar la plaza para él. Luego de una visita al hospital regresará a su casa sintiéndose derrotado, un dolor más profundo que el de la pierna, como que todo es en vano.
. "Van a seguir robándonos todo?" se pregunta Juan. El trabajo, la esperanza, la salud, la educación, el dinero, los votos, todo, todo todo...
. Al llegar saluda a su madre con un beso, mientras ella está fregando la vajilla. Acaba de llegar de hacer la limpieza en casa ajena, y ahora le toca la propia. Y agradecen cada día el tener al menos ese trabajo.
-- Che qué tarde que es Juancito, adónde estuviste? --pregunta preocupada al constatar la hora.
-- Nada, mamá, me fui con unos amigos, ya está... –-replica él disimulando su renguera.
-- Tu papá ya debe estar por llegar... --no termina de decirlo cuando la puerta se abre y entra su marido, agotado por el increíblemente arduo día de trabajo-- Pero qué cara tenés, Pepe, cómo te fue hoy?


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